Todo estudiante de contabilidad conoce este principio, lo olvida un semestre después, y lo vuelve a necesitar diez años después en una junta donde nadie más se acuerda tampoco. Aquí va el repaso.
Qué dice el principio
El principio de materialidad, también llamado de importancia relativa, permite omitir o simplificar el tratamiento de una partida cuando su importancia, en términos cuantitativos o cualitativos, es escasamente significativa, siempre que no se altere la imagen fiel de la información financiera.
Dicho de otra forma: no todo merece el mismo nivel de detalle. Un error de $50 pesos en una empresa que factura $200 millones al año no cambia cómo nadie interpreta sus resultados; el mismo error en una microempresa podría ser relevante.
Un ejemplo simple
Una empresa puede decidir no registrar por separado activos de muy bajo valor (una calculadora, una silla) y en su lugar cargarlos directo a gasto, aunque técnicamente sean activos fijos. Hacerlo con precisión contable no cambiaría en nada la evaluación que un inversionista o un banco hace de la empresa, así que el principio de materialidad permite la simplificación.
Este principio es la base de un concepto más amplio: la materialidad contable. Y si tu interés es cómo lo tratan específicamente las normas internacionales, revisa materialidad según las NIIF.
